domingo, 16 de mayo de 2010

Oratoria “arte de hablar con elocuencia; de deleitar, persuadir y conmover por medio de la palabra”.

Retórica y elocuencia. El primero, del griego “rhétor” (orador), “arte del bien decir, de embellecer la expresión de los conceptos, de dar al lenguaje escrito o hablado la eficacia adecuada para deleitar, persuadir o conmover” y el segundo, “facultad de hablar o escribir de modo eficaz para deleitar, conmover y persuadir”.

Aristóteles; “Arte retórica”,
Cicerón; “De la invención”, “Del Orador” y “De la Perfección Oratoria”,
Quintiliano; “Instituciones oratorias”.

Discursos de Demóstenes y Cicerón

LOS FINES DE LA ORATORIA

1. PERSUADIR: voluntad

Implica convencer a otras personas de que nuestras opiniones e ideas
son las correctas y moverlas a la acción de acuerdo con ellas.
Involucra también la motivación para que otros realicen lo que en el
fondo muchas veces no quieren hacer. Es el caso del vendedor que
busca por medio de la persuasión que los clientes se sientan
motivados a comprar sus productos o servicios. La persuasión se
orienta a la voluntad de los receptores, por ello podemos decir que
“es la actividad de convencer a nuestros semejantes para que tomen
una decisión o hagan una acción determinada”.

2. ENSEÑAR: inteligencia

Comprende la acción de transmitir, a alumnos o discípulos,
conocimientos y cultura general a través de la palabra hablada. Esta
transmisión pedagógica se realiza en sesiones académicas, debates o
incluso, en una plática común. Aquí la oratoria se orienta a la
inteligencia de los receptores, su propósito es comunicar no sólo las
noticias cotidianas sino, va más allá; transferir conocimientos de todo
tipo por medio de un emisor y/o profesor, ya sea de manera formal;
en los centros de enseñanza de diferentes niveles o, ya sea de manera
informal; esto es en el hogar, la calle o la comunidad.

3. CONMOVER: sentimientos

Involucra provocar por intermedio de la oratoria, determinados
sentimientos, pasiones y emociones en el espíritu de las personas
que escuchan nuestras palabras. El ser humano en la vida diaria llora,
ríe, se asusta, se encoleriza etc. Es decir, experimenta emociones.
Estas emociones también las puede crear un orador a través de sus
palabras siempre y cuando estas lleguen a la fibra interna del público
oyente. Si logramos conmover a nuestro público podemos cautivarlo
y comunicarle satisfactoriamente nuestros sentimientos.

4. AGRADAR:

Agradar es crear belleza con la palabra hablada; es decir, producir en
el alma ajena un sentimiento de placer con fines determinados. La
oratoria como entretenimiento se orienta al campo del sentimiento.
Por eso, cuando leemos un libro de chistes o vemos un
programa humorístico, sentimos que perdemos todo contacto con la
realidad, reímos y nos alegramos. Cuando escuchamos a un cantante,
su voz; o nos agrada o nos desagrada, lo mismo ocurre con un
conductor radial al momento de hablarnos románticamente con su
voz impostada.

Horacio:

Aut prodesse uolunt aut delectare poetae
aut simul et iucunda et idonea dicere uitae.

TIPOS DE MIEDO EN LA ORATORIA

1° MIEDO A LA PRIMERA VEZ:

2° EL MIEDO A FRACASAR:

Fracaso es manifestar como conocimiento o ciencia lo que es opinión o ignorancia.

Fracaso es no prepararse convenientemente.

Fracaso es mentir: decir lo contrario de lo que se piensa con la intención de engañar.

Fracaso es traicionar a la propia conciencia.

3° MIEDO AL QUE DIRAN:

EL METODO DE DAVID FISHMAN

Un importante artículo de David Fischman titulado: “HABLANDO
DEL MIEDO A HABLAR”, -Publicado en el diario “El Comercio”- nos grafica, objetivamente, el miedo que experimenta el común de las personas cuando se ve frente al público para transmitir un determinado discurso y la forma de neutralizarlo eficazmente. Acto seguido, reproducimos parte de él con fines pedagógicos.

ANTIDOTO PARA VENCER EL MIEDO

Piense en servir y no en pedir:

Recuerde alguna vez, en que usted le haya hecho un pedido a una
persona que tenia autoridad sobre usted y que no conocía mucho.
¿Cómo se sintió? Ahora recuerde alguna oportunidad en la que
usted quiso servir con amor y de forma desinteresada a una
persona en las mismas condiciones que la anterior. ¿Cómo se
sintió? Lo más probable es que en el primer caso tuviera miedo y
en el segundo no.
Cuando nos paramos al frente de un público, para pedir
aprobación, admiración y aceptación, nuestro ego tiene mucho que
perder. Nuestro ego entra en pánico al exponerse a una posible
tragedia, a sentirse no querido ni aceptado. En cambio cuando nos
paramos al frente del público con una actitud de servicio, el miedo
disminuye. Si nos enfrentamos al público con una actitud de
entregarle lo mejor que podemos ofrecer, de enriquecerlo y de
ayudarlo, el miedo no tiene cabida.

Prepárese:

Otro antídoto contra el miedo es prepararse. Los expertos
recomiendan decir en voz alta el discurso, por lo menos seis veces
antes de darlo. Otra cosa que contribuye a reducir el miedo es
conocer anticipadamente a nuestra audiencia ¿Quiénes son?,
¿Cuánto saben sobre el tema?, ¿Vienen obligados o por propia
voluntad?, ¿Qué preguntas pueden hacer? Como dice Malcolm
Kushner: “La audiencia es como una rosa. Si la agarras bien,
puedes disfrutar su belleza, pero si la recoges mal, te hincas”.

No pierdas la perspectiva:

Una mosca, bajo una lupa de gran aumento, parece una bestia
horripilante, pero cuando la vemos volar en su tamaño natural es
un insecto insignificante. El miedo de hacer una presentación es
similar. Lo vemos como un problema enorme, pero en realidad
debemos poner las cosas en perspectiva. Es solo una presentación
de 30 minutos o una hora ¿qué puede significar este tiempo en
una vida?

El miedo a hablar en público se basa en tigres imaginarios que
llevamos en la mente y que no tienen sustento en la realidad. Para
vencer el miedo tenemos que arriesgarnos y enfrentarlo,
aprovechando todas las oportunidades que se presenten para
hablar. Cuando lo hagamos, descubriremos que el tigre es sólo un
espejismo. Como dijo Franklin D. Roosvelt “no tenemos nada que
temer excepto al temor en uno mismo”. (David Fischman –UPC. El
Comercio, Miércoles, 9 de junio de 1,999).

EXORDIO:

Es el inicio del discurso, sirve para motivar la atención del público
hacía las palabras del orador y para dar a conocer, brevemente, en
qué consistirá el tema que se va a tratar y los objetivos que se esperan
alcanzar. Pueden utilizarse hasta cinco formas diferentes de
introducción, cada una de ellas según el público y la ocasión en que
toque pronunciarlas:

Fraseológico:

Puede iniciarse mencionando una frase célebre, un poema, las letras
de una canción o un pasaje bíblico que tenga relación con el tema a
tratarse. Por ejemplo, para un discurso sobre "El éxito" se puede
iniciar diciendo: Señores, como decía el Dr. Cristian Barnard, "El
éxito comienza con la voluntad del hombre... piensa que puedes y
podrás,… todo está en el estado mental del hombre".

Anecdótico:

El público es un grupo de personas que siempre muestran curiosidad
por conocer algo peculiar sobre el expositor o sobre el tema que se
esta presentando. Contar una anécdota de nuestra vida o sobre otra
persona suele cautivar la atención de los oyentes. Por ejemplo:
“Amigos, quiero contarles lo que me ocurrió la noche en que, en vez
de besar a mi esposa bese a su hermana gemela, ese día yo estaba…”

Humorístico:

También es valido contar un chiste u ocurrencia graciosa que tenga
relación con el tema. No siempre los discursos tienen que ser serios o
aburridos, la jocosidad le pone la chispa de vida a la exposición y
evita que el público se canse o se aburra. Ejemplo: "¿Mamá, las
pasas vuelan?" No hijito, ¿porque? "¡Ah... entonces me comí una
mosca!"

Interrogativo:

Esta introducción consiste en hacer preguntas al público sobre el
tema a abordarse, pero nunca esperar una respuesta pues las
preguntas son sólo de tipo referencial. El hacer preguntas sirve para
demostrar al público que nosotros sabemos algo que ellos no saben y
que estamos ahí para instruirlos. Ejemplo: ¿Sabían ustedes que don
José de San Martín era “drogadicto”? ¿Sabían ustedes que Ramón
Castilla nunca liberó a ningún negro?

Teatralizado:

Es una forma efectiva de llamar la atención del público y
comunicarle el tema que vamos a exponer. Se hace uso de la mímica,
expresividad corporal y mucho ingenio. Por ejemplo, salir al frente y
soltar un vaso de vidrio al suelo; éste se hará añicos pero nos dará pie
para hablar, por ejemplo, de la Ley de la gravedad, sobre la
destrucción del mundo o sobre cualquier otro tema relacionado.

DESARROLLO.-

Es la parte medular del discurso, en ella el orador desarrolla su idea
central de forma clara y detallada. En el desarrollo se explican los
argumentos en los que se basa nuestra teoría o hipótesis, también
sirve para refutar las ideas, ejemplificar una demostración y adoptar
una posición académica especifica. Algunas recomendaciones
dignas de tenerse en cuenta en el desarrollo del discurso son las
siguientes:

Estas afirmaciones corresponden al Dr. Virgilio Roel Pineda, afamado economista e historiador peruano.

• Documentarse ampliamente sobre el tema por exponer.
• Cerciorarse de la veracidad de los datos por exponer, no sea que
nos retruquen y nos hagan pasar un mal momento.
• Elaborar un pequeño esquema de las ideas para presentar.
• Citar ejemplos, anécdotas, cifras y/o casos reales relacionados
con el tema para hacerlo más didáctico.
• Y sobre todo, hacer un discurso ameno y no muy extenso.

Otras recomendaciones que nos brindan los especialistas son las
siguientes:

• Considerando el carácter inconstante de la atención, un discurso
largo puede resultar fastidioso, no debe durar más de 45 minutos.

• Si el esquema del discurso es complicado y los pasos que va a seguirse
no son claros, puede perturbar la atención de los oyentes.

• La exposición de la parte central de nuestro discurso debe poseer
un atractivo interés para los oyentes.

• El auditorio debe mantenerse atento; concentrado en nuestra
charla, esto se logra por medio de preguntas adecuadas, dinámicas grupales y dejándolo participar.

PERORATIO.-

La conclusión es la parte final del discurso, en ella el orador hace
un breve resumen de lo tratado, mencionando los puntos más
importantes de la exposición o realizando recomendaciones que se
desprenden del tema central. La conclusión es un elemento
estratégico pues lo que se dice queda sonando en los oídos del
público y tiene mayor probabilidad de quedar en la memoria. Para
efectos de conclusión y/o despedida, recomendamos las siguientes 5
formulas:

Fraseológico:

Se puede culminar mencionando una frase célebre o algunas palabras
impactantes o motivadoras. Por ejemplo: “Y ya para terminar
permítanme decirles que, ‘el éxito está compuesto de 1 % de
inspiración y de 99 % de transpiración’, Muchas gracias."

Con vivas o hurras:

Esta es una forma de conclusión que tiene por objeto dejar motivados
a los oyentes a través de su participación activa y “cantada”. Por
ejemplo: _ "Y ya para terminar, queridos amigos: ¡Viva la oratoria!”
_ ¡Viva! -contesta el público. _ “¡Viva el éxito!” _¡Viva! –vuelven a
contestar los oyentes.

Por respuesta del público:

En esta modalidad el orador hace una serie de preguntas al auditorio
para que le contesten a través de un “Si” o un “No”. Las preguntas
deben ser siempre de corte positivo. Por ejemplo: _ Señores, ¡¿somos
los mejores?! _ ¡Si! -responde el público. ¡¿Somos triunfadores?! _
¡Si! -vuelve a contestar el auditorio.

Por agradecimiento:

El orador culmina su exposición agradeciendo a los organizadores,
auspiciadores, público presente y algunas veces a los oradores que lo
antecedieron. Ejemplo: _ "Y para culminar quiero expresar mi
agradecimiento a la Cámara de Comercio por haber permitido mi
presencia esta noche... Hasta pronto"

Mixto:

Es una forma que combina indistintamente los diferentes tipos de
conclusiones existentes. Pueden mezclarse una forma fraseológica
con una de agradecimiento. Ejemplo: “Para despedirme quiero
expresar mi agradecimiento a la Universidad Nacional de Trujillo
por haberme permitido estar con ustedes y sobre todo reiterarles
aquellas palabras cristianas que dicen: ¡Sed firmes hasta el fin y
recibiréis la corona de gloria…Hasta siempre.”

MÉTODOS PARA EXPONER UN DISCURSO

De acuerdo al tipo de discurso, el fin perseguido y el estado
del auditorio, puede utilizarse una serie de métodos de eficacia
comprobada en la construcción y exposición del discurso:

El Método Inductivo:

La inducción consiste en elaborar un discurso partiendo de lo
particular hasta arribar a lo general; el conocimiento de hechos
unitarios o segmentarios hacia el conocimiento de la regla general, es
decir hacia la generalización. Si por ejemplo, quiero hablar acerca de
“El cultivo de mangos”-aspecto general-, debo iniciar mi discurso
hablando de la fruta del mango –aspecto especifico-, para de ahí
extenderme hasta el árbol, la siembra, el cuidado, el abono, etc.
hasta llegar al cultivo.

Método Deductivo:

Llamamos deducción a aquella forma de exposición en la que el
orador empieza por el aspecto general de las cosas para llegar luego,
a lo particular; también, de los planteamientos y leyes generales
hasta los planteamientos y leyes específicas. Utilizamos este método
cuando, por ejemplo, hablamos del cultivo de mangos –general-,
para luego llegar a la fruta del mango –específico-. Se inicia un
discurso sobre un planteamiento que ya conocíamos para arribar a
conclusiones específicas que aún no conocíamos.

Método Analógico:

La analogía es la relación de semejanza entre cosas distintas. Es un
razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en
seres o cosas diferentes. Con este método ayudamos al público a
realizar el siguiente razonamiento; “si dos fenómenos son similares,
en uno o más sentidos, factiblemente serán similares también en
otros sentidos”. Si quiero hablar de “la vida humana” puedo
hablar, por analogía, de “la vida de una flor”, compararla y
explicar sus coincidencias, para hacer más didáctica y amena mi
disertación.

1 comentario: